Sale la vieja pregunta hacia aquella odiosa luz que hace vomitar el sudor de la piel. Ese astro inmenso que da vida. Espero que se muera el verano. Odio el sol. Quiero algo más tranquilo como el otoño. Tiempos raros para mascar chicle. Viejos tiempos en alguna calle cerca al barrio. Una coca cola helada y una gaseosa eran todo lo que tenía en el interior a las 7 de la noche. Y claro, ya no recuerdo si era feliz o no, se trata de detalles que no importan a la larga o por lo menos en algunas ocasiones.
La vida chorreaba como el sudor por la patilla. Se deslizaba y caía. Todo iba hacia abajo.
No falto la música. En realidad creo que me hizo falta más música. Discos, guitarra, garganta. Nunca llegue a las más sencillas notas porque para llegar a lo sencillo hay que sentirse sencillo, es decir, obtener la tranquilidad necesaria. La complicación era la leña que reventaba entre su vestidura de fuego.
Cantinas, amistades en lo que llaman marginal, pastillas para los dolores, colores únicos de burdel, humos relajantes, humos inquietantes, humos reflexivos, piel empalidecida, olor de hospitales, ruidos de hostal, duchas para lavar la mente.
Tampoco dejé de pasar la oportunidad de intentar ser un poeta maldito. Torpe intento. Nunca llegué a algo. No fui ni poeta y la maldición llegó a mi soledad, a mordisquearla en su pescuezo, a agujerearle el cuello y provocar asfixias. Sobreviví a ese aniquilamiento.
Las noches eran para escribir y cantar, muchas tardes pensando en locuras y aprendiendo a recibir mis propios golpes. No faltaron los amigos para ayudarme a levantar el cuerpo cuando las fuerzas se hundían en el mar. No faltaron las canciones y los poetas que me hacían sentir solo, pero a la vez acompañado. Recuerdo claramente las manos que llevaron aire para poder sobrevivir. El alma se alimentaba de peligro. El cuerpo se alimentaba de la noche. La noche era mejor cuando todas las tiendas cerraban y se abrían otros lugares. La ansiedad estaba en el aire, pero este no tenía dirección.
Que se vaya rápido el sol.
miércoles 18 de marzo de 2009
martes 21 de octubre de 2008
Martes 21 de octubre
A ver si está claro. Ha pasado el tiempo y se ha perdido sudor bajo el sol. Se ha dejado escapar el aire con el cigarrillo en las madrugadas. Un día me aconsejaron que deje de parar en los mismos lugares y cambie algunos. ¿Se puede olvidar verdaderamente el sonido del silbido de la muerte?
Un mañana caminé sobre las piedras, en la playa de la La Punta en el Callao. Fue realmente feliz. Me sentí idiotizado por el mar, las piedras mojadas y el sol –que aunque lo odio- caía ligeramente sobre mí. Esa noche dormí. No podía. Me costó. Prendí el televisor. Tomé dos manzanillas. Me costo mucho. Dormí. Soñé que caminaba por esa playa y pensaba qué hacer porque tenía una penosa e irreversible enfermedad, de esas que acaban siempre en muerte pero te dan un tiempo para sufrir.
Desperté temprano. Desperté con el cuerpo descansado. Entré a la ducha y me quedé un buen rato pensando bajo el agua. Al salir llovía y me sentí feliz e idiota de nuevo. Hay algunos momentos en que me siento inmortal. Hay momento en que no me quiero ir de algún lugar porque presiento que la vida está ahí. Creo que de eso también se trata el consumo del alcohol. Uno bebe y lo sigue haciendo porque el momento es tan grato que quisiera que sea eterno.
+++++++
Una canción de Morrisay: First Of The Gang To Die
Un mañana caminé sobre las piedras, en la playa de la La Punta en el Callao. Fue realmente feliz. Me sentí idiotizado por el mar, las piedras mojadas y el sol –que aunque lo odio- caía ligeramente sobre mí. Esa noche dormí. No podía. Me costó. Prendí el televisor. Tomé dos manzanillas. Me costo mucho. Dormí. Soñé que caminaba por esa playa y pensaba qué hacer porque tenía una penosa e irreversible enfermedad, de esas que acaban siempre en muerte pero te dan un tiempo para sufrir.
Desperté temprano. Desperté con el cuerpo descansado. Entré a la ducha y me quedé un buen rato pensando bajo el agua. Al salir llovía y me sentí feliz e idiota de nuevo. Hay algunos momentos en que me siento inmortal. Hay momento en que no me quiero ir de algún lugar porque presiento que la vida está ahí. Creo que de eso también se trata el consumo del alcohol. Uno bebe y lo sigue haciendo porque el momento es tan grato que quisiera que sea eterno.
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Una canción de Morrisay: First Of The Gang To Die
lunes 6 de octubre de 2008
La frustración, la envidia y un atentado contra Dios
Se trata de un video que realicé sobre la obra teatral Amadeus, la cual dirige Jorge Chiarella.
Denle click a la imagen para que los lleve al video:

Jorge Chiarella es amante de la música. A los cuatro años tocó una armónica por primera vez. Siempre tuvo notas musicales entre los huesos. Cuando recibió el encargo de dirigir Amadeus, escrita por Peter Shaffer, fue un gusto y reto, ya que se trata de la historia alrededor del virtuoso compositor Mozart, llevada magistralmente al cine por Milos Forman en 1984.
"El autor plantea una lucha del personaje contra Dios. Salieri cree que Dios le da un gran talento a Mozart para expresarse a través de él. Este es el motivo por el que decide eliminarlo. De esta manera se enfrenta a Dios y se cree igual que él", explica Chiarella.
Denle click a la imagen para que los lleve al video:

Jorge Chiarella es amante de la música. A los cuatro años tocó una armónica por primera vez. Siempre tuvo notas musicales entre los huesos. Cuando recibió el encargo de dirigir Amadeus, escrita por Peter Shaffer, fue un gusto y reto, ya que se trata de la historia alrededor del virtuoso compositor Mozart, llevada magistralmente al cine por Milos Forman en 1984.
"El autor plantea una lucha del personaje contra Dios. Salieri cree que Dios le da un gran talento a Mozart para expresarse a través de él. Este es el motivo por el que decide eliminarlo. De esta manera se enfrenta a Dios y se cree igual que él", explica Chiarella.
jueves 2 de octubre de 2008
Placenta del sol
Sabría que podría nacer otra vez. La placenta del sol me ha calentado lo suficiente. He pernoctado en días lejanos y me he hecho una criatura extraña para mí. El aire que se zambulle en mis vías respiratorias es necesario para que el cerebro funcione. Algo debo salvar. He salvado ciertas cosas. A estas alturas y a estas bajezas, algo se ha salvado.
Regreso con el blog
Gracias nuevamente a quienes se despidieron dejando un comentario. También a quienes me visitaron alguna vez.
Bueno, acá de nuevo.
Para abrir...como lo cerré con Bob Dylan, lo habro con Kurt Cobain -otro grande- y su canción nirvanera Serve and Servants, donde sale "sólo quiero que sepas que yo,ya no te odio,
no hay nada de lo que pudiera decir,que no lo haya pensado antes".
Bueno, acá de nuevo.
Para abrir...como lo cerré con Bob Dylan, lo habro con Kurt Cobain -otro grande- y su canción nirvanera Serve and Servants, donde sale "sólo quiero que sepas que yo,ya no te odio,
no hay nada de lo que pudiera decir,que no lo haya pensado antes".
martes 8 de julio de 2008
Hasta luego con el blog
Gracias a todos quienes comentaron algunos de estos escritos, también a quienes se dieron un tiempo para leerme alguna vez, aunque sea un par de segundos.
Hasta luego y creo que será por un buen tiempo.
Nada, sólo una canción de Bob Dylan que titula Things have changed.
Hasta luego y creo que será por un buen tiempo.
Nada, sólo una canción de Bob Dylan que titula Things have changed.
sábado 5 de julio de 2008
El viejo zorro
El chofer dudó. Él subió en los asientos delanteros. Era el inicio de la avenida Colonial.
-Uno sabe. Uno duda. Uno nunca sabe, pero se da cuenta cómo es la gente, dijo el viejo.
-Ahora hay que pensar en todo, respondió el chofer.
- La gente que es como yo puede ser de cualquier forma, de cualquier manera puede actuar. Yo llevo viviendo treinta años en la calle. Conozco cómo es la gente mirándola. Al ojo saco sus intenciones, sostuvo el viejo que mientras hablaba con fuerza, lanzaba gotas de saliva por el aire.
El sol llegaba en una fuerte resolana en pleno invierno. Yo estaba en el asiento detrás del chofer, mirando atentamente al señor, casi de manera espía. Sorteaba líneas de un libro que andaba leyendo, pero lo escuchaba. Lo miraba sin que se diera cuenta pero lo notó. Yo sé cómo es la gente, volvió a repetir, esta vez mirándome y diciéndome: más sabe el zorro por viejo que por zorro, tu crees que puedes ser más hábil que yo, pero esa es una mentira, cuando tengas mi edad recién podrán ser como yo, o hasta mejor, pero en ese momento yo ya estaré muerto. Sonreí y continué con la lectura de mi libro. No volvió a decir nada.
-Uno sabe. Uno duda. Uno nunca sabe, pero se da cuenta cómo es la gente, dijo el viejo.
-Ahora hay que pensar en todo, respondió el chofer.
- La gente que es como yo puede ser de cualquier forma, de cualquier manera puede actuar. Yo llevo viviendo treinta años en la calle. Conozco cómo es la gente mirándola. Al ojo saco sus intenciones, sostuvo el viejo que mientras hablaba con fuerza, lanzaba gotas de saliva por el aire.
El sol llegaba en una fuerte resolana en pleno invierno. Yo estaba en el asiento detrás del chofer, mirando atentamente al señor, casi de manera espía. Sorteaba líneas de un libro que andaba leyendo, pero lo escuchaba. Lo miraba sin que se diera cuenta pero lo notó. Yo sé cómo es la gente, volvió a repetir, esta vez mirándome y diciéndome: más sabe el zorro por viejo que por zorro, tu crees que puedes ser más hábil que yo, pero esa es una mentira, cuando tengas mi edad recién podrán ser como yo, o hasta mejor, pero en ese momento yo ya estaré muerto. Sonreí y continué con la lectura de mi libro. No volvió a decir nada.
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