A algunos amigos.
El juego
Teníamos el juego de ser como un rumbo antiguo
éramos una pelota que rebotaba en la puerta 20
rebotando en tatuajes de las más rudas.
Teníamos el fuerte juego de saltar del techo sin alas
sabiendo que había mar de brea
sabíamos que habían alfileres oxidados
pero no sabíamos nada.
Clavamos las maderas recias
en la orilla polvorienta del olvido
sus manecillas huelen lo esculpido
la panza abierta en un corte
y el aire en los pulmones es el poco soporte.
Sabíamos a que sabía la sal, ají y azúcar
pero nada sabíamos.
Teníamos el juego de ser como un rumbo antiguo
éramos una pelota que rebotaba en la puerta 20
rebotando en tatuajes de las más rudas.
Teníamos el fuerte juego de saltar del techo sin alas
sabiendo que había mar de brea
sabíamos que habían alfileres oxidados
pero no sabíamos nada.
Clavamos las maderas recias
en la orilla polvorienta del olvido
sus manecillas huelen lo esculpido
la panza abierta en un corte
y el aire en los pulmones es el poco soporte.
Sabíamos a que sabía la sal, ají y azúcar
pero nada sabíamos.