Con un círculo caliente en la
nuca por la boca de una
pistola de un perdido verso
que amenaza.
Las avenidas de regreso a casa huelen muy mal
las fábricas expectoran vapor de muerte suspirando
sin embargo el celaje lo puede todo
aunque un poco.
Dicen que al final o comienzo de la avenida
no recuerdo cuál de los dos
hay un jardín de extremidades atractivas
y lúbricos botones.
Un verso agarra su pistola
y no puedo dejar de escribir idioteces
tampoco puedo dejar de leer a los poetas
cuyos libros adquirí en las baratijas
de valiosas librerías.
No puedo dejar de leer a los poetas
que saben de caminatas sobre el filo
de largos cuchillos.
Al parecer un poema es poema cuando
asoma por el pensamiento
parido del sentimiento
al escribirlo nace casi muerto.