Bailabas con los golpecillos saltarines de un piano
ajenos a los temblores de las plantas de mis pies
tu resplandor rebotaba por las paredes
cuando te besaban con el haz de tus primaveras reencontradas.
Has renunciado a tu soledad para ser ofrenda
en las manos de quien te ha dado las palabras enmarcadas
al otro extremo de la mesa oceánica de madera
del bar con sillas acalambradas.
He estado mirando a un extremo
donde el vaso se muele con la cabeza
y el cigarro hace su danza clásica por los aires
con la elasticidad de los dioses de las melodías
que se funden en el aire y parece que desaparecen
pero quedan ahi impenitentes.
No se tratan de mentiras
todo anda claro como el agua del deshielo
pero los fantasmas esclarecen su misterio
dentro de la cabeza sin cuello.