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lunes, 24 de marzo de 2008

Mario Vargas Llosa (crónica a propósito de los 72 años que cumple)

Una crónica publicada en el suplemento cultural Variedades del diario El Peruano. Mario Vargas Llosa a partir de su amigo el pintor Fernando de Szyszlo; el poeta y presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Marco Martos; y del cronista Sergio Vilela, quien publicó El cadete Vargas Llosa. Hacer esta crónica ha sido un real placer. También un descubrimiento particular acerca de la pasión por escribir.

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viernes, 14 de marzo de 2008

César Vallejo (crónica)

Una crónica sobre el poeta César Vallejo escrita por un fan por su cumpleaños

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lunes, 3 de marzo de 2008

CHABUCA GRANDA (crónica)



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Una crónica -del 2007- sobre Chabuca Granda por el aniversario de su muerte, el 8 de marzo. Se publicó en el diario El Peruano. Se trata de una artista a la cual respeto, admiro y cada vez me sorprendo más. Es música y letra bien hecha, bien experimental. Antes todo artista que pasaba por Perú la conocía.

Hasta ahora en otros países es más querida que acá. Injustia que espero el tiempo cure.

Un pequeño homenaje para alguien que supo hacer canciones de verdad.

Para que vean el especial multimedia que trabajé en la agencia de noticias Andina pueden darle clik a la foto:



Susana Baca se mostró siempre colaboradora cuando le conté que se trataba de Chabuca Granda.




Entrevista al maestro Oscar Avilés que tocó con Chabuca Granda




Conversando con el maestro Pepe Torres quien tocó un par de veces con Chabuca Granda




Hablando con el compositor Auguto Polo Campos, amigo de Chabuca Granda.


lunes, 20 de agosto de 2007

PISCO es más de un VASO (parte 1)

Esta es una crónica que escribí en el 2004 tras un viaje. Menciono una serie de lugares los cuales han sido azotados -destruidos casi todos- por el terremoto del miércoles 15-agosto- 07. Es mucho dolor para tan pequeño lugar. Otras zonas como Chincha, la sierra de Ica -entre otros- también han sido afectados y ni que hablar de Huancavelica. Por favor, si pueden donar sangre, ropa o víveres sería grandioso. La sangre puede ser en hospitales como el Loayza y las cosas en el Estadio Nacional.

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PISCO es más de un VASO





Lo sureño de la Panamericana nos jala como el antiquísimo vuelo de flamenco protagonista de una inspiración blanquirroja y onírica. El río florece con su valle. El cemento crece sin raíz entre el verde bucólico del pueblo. Entrada a Pisco como el pisco pasa por la garganta con genuina sensación.

El mar recibe con listón una colaboración fluvial, éste agradecido abraza en playa con la frescura de una desenfadada brisa que se pasea por sus lugares perfumándolos en exceso.

Una niña atendía en un restaurante de la misma carretera. Ella despeinada llevaba una chompa naranja como la mandarina que luego comería mientras los comensales terminaban sus platos. Luego de pedirle cinco veces un cuchillo sólo recibía una sonrisa disimulada que no me servía para cortar. Entraba y salía de la cocina nunca con el utensilio que ya estaba siendo usado por algún otro. Este se tendría que desocupar en el restaurante “Rosita de Pachacutec” con sus tres comensales de entonces.

Con s/.1 en un día de astro menguado, a través de un colectivo, te pueden llevar a cualquier rincón de aquí: es el pueblo y la playa. Las vacas huesudas comían y masticaban con la peculiar digestión de procesar el sueño y negocio de su pastor.
“Por incapaces para gobernar Pisco pide la revocatoria” decía una intranquila pared blanca en el tramo del inicial ingreso.

Por la plaza principal
En la Plaza de Armas se encuentra la Municipalidad de estilo morisco, un palacio construido en 1930 pintado con franjas horizontales, celestes y blancas. Al costado la Catedral San Clemente y los bautizos a la orden del día. En una fugaz ceremonia de agua, la alegría de los padres y padrinos eran la luz en una sombría iglesia.

De ocres, cremas y amarillos. Confesionarios de madera al igual que los penitentes reclinatorios. Sólo dos reflectores eran usados. La iluminación restante y natural era el encargo de puertas abiertas. Cada altar contiene un santo alumbrado por un tragaluz en el techo, un vitral colorido había sido preso del tiempo en el Altar de María Auxiliadora. Una María Inmaculada pisa una serpiente demoniaca mientras una señora de morado iniciaba las letanías con un “por la señal de la santa cruz”.

El vecino de la iglesia. El establecimiento Maju con sus máquinas encargadas de tragar monedas con todo y bolsillo, inclusive el pantalón. Un contiguo Cine Libertador funciona por allí. La República de Argentina regaló a esta tierra un monumento de Don José de San Martín que enhiesto es el centro de la Plaza de Armas.

PISCO es más de un VASO (parte 2)


La perspectiva de los pisqueños
Con una diferencia larga de siete años, el pasado y el presente es comparable de caras. Avelino Ortega nacido, crecido y respirando en Pisco dice: “Hay alcaldes que han pasado por aquí pero nadie se acuerda de ellos por que no hicieron obra alguna”. Tal vez alguna hay como el remodelamiento de su Plaza de Armas. Es que el tiempo les ha dado un breve estirón como de adolescente enfermo con fiebre.

Los pedestres van tranquilos, charlando en sábado sobre viejas veredas. Dos brasileñas con mochilas trotan en sandalias, la gente da vueltas en su parque principal pero Avelino no duda: “De lunes a viernes hay un movimiento atroz aquí, pero también a las 7am ya no hay nadie, ya todos están trabajando”.

“Ahorita Pisco está un poco mejor, pero esto no es permanente, es por esto de la planta del Gas de Camisea” cuenta Ortega y efectivamente, La modernidad e industria han penetrado sus gasoductos en la tierra –pista pegada al mar, de San Andrés hacia Paracas- con las manos de trabajadores pisqueños para tan anunciado proyecto, también es de sana ambición la plataforma marina que llevará el gas adentrando en las aguas consiguiendo beneficios en la exportación del producto.

“Acá la gente es bien alegre. En una misa de difunto llegaron dos personas borrachas, una se cayó de cara en el reclinatorio y otro en las escaleras de la misma iglesia” dice Guillermo Cabrera con deslumbrante fortaleza entre arrugas. Entre el té y la conversación el tiempo se pasa sin frenos hasta que las agujas del reloj paren a la noche.

Saliendo del pueblo yendo a “Pisco playa” una misa por mes de fallecimiento esperaba dentro de la Parroquia San Francisco de Asís. Pequeña con su techo reestructurado de madera daba testimonio del segundo grupo de bautizos atestiguado aquel sábado.

Con cronómetro, 25 minutos. El momento de dar las condolencias a la mujer enviudada hace un raudo mes. La movilidad llevaría a todos a la casa para compartir juntos los recuerdos de Oswaldo Cuenta Quiroz. Sin música, con respeto. Caliente y picante “Sopa Seca” o “Mancha Pecho” llenaba el estómago con cálido cariño. La amiguera pero solitaria botella con pisco iba por las manos, vaso a boca en una fría noche.

Luisa Vargas es de aquí. Hace un año hizo traslado Universidad de Ica- San Martín, sólo volvió por vacaciones: “no me acostumbro a Lima, el tiempo se pasa muy rápido”, real y con semáforos para no respetar. Un grupo de promoción 98 reunidos se definía entre ingenieros y enfermeras de la universidad local.

PISCO es más de un VASO (parte 3)


Cementerio y muelle


El domingo matutino aterrizó soleado curando resfríos. Calle San Clemente, cementerio o “Casa de los Difuntos”. Es Sarah Ellen el difunto más mediático –por no precisar en el único- que ha tenido este camposanto. Abejas, flores y gracias a milagros de gente que asegura recibir cierta ayuda de ella, manifiestan su gratitud. Aseguran que siempre consigue estar colorida de pétalos. Born March 6-1872. Died June 9-1913.

Los mosquitos de color vino volaban, saltaban alocados. Veredas, pétalos marchitos reposaban en la pista con tierra humedecida. “La resurreción de la carne y la vida eterna, amén”. Saxofón, pandereta y cajón juntos en la musicalización de los cánticos al aniversario de un difunto rodeado de amigos. La beata Luisa Huarmey, a la cual también le acreditan milagros, tiene un humilde mausoleo. La conocida “Sierva de Dios” es muy visitada.

Por otro lado, el Malecón Miranda ha resistido melancólicamente a pesar de su 1940 inscrito en una de sus paredes. Las inclemencias del tiempo y cuanto “paracas” sople pasan por ahí. La costa de Pisco se manifiesta en una curva. Paracas, San Andrés, Pisco playa, por el norte Leticia. La península de Paracas queda casi al frente a la playa pisqueña -sin percibirse a la vista- y cuando corren lo vientos fuertes, las tormentas de arena no dudan en hacer su recorrido gestado desde el desierto.

Un muelle abandonado no es fantasma –aunque no tan vivo como el cuento “Los Ojos de Judas” de un niño Abraham Valdelomar-, a pesar de su inactividad, sigue siendo punto para pescadores que amarran sus redes a algún grueso y oxidado fierro. La cerda vuela, el plomo se encarga de sumergir el anzuelo esperando acomodarse como piercing en la boca, en la barbilla de un pez. Niños y adolescentes. Adultos y adultos mayores. Anchoveta y pejerrey en la playa de mar retirado.

Desde 1975 que las aguas empezaron a alejarse paulatinamente, el muelle es un puente sobre la arena. Cinco cuadras en aproximado de ausencia y media sobre el extrañado mar. Al lado derecho un asentamiento humano ya fijo su bandera nacional en su techo, aprovechando este terreno abandonado naturalmente. Al otro lado la brillante albúfera recibe las cosquillas de patillos que buscan pececillos en ella. Antes la gente demasiado pobre mataba a la “chuita” (ave guanera de carne negra) a palazos para luego comerla, una costumbre de antaño ante la necesidad.

En el medio del mar, brilla el espejo del sol. Este se refleja. La arena en la orilla mira hacia arriba que las gaviotas saben volar. En la Caleta de San Andrés los pescadores flotan en sus chalanas. En el muelle del Chaco de Paracas, son sacadas inmensas cantidades de choros de las peñas más profundas. El lugar, el río y el alma de los vasos están bautizados en compartida nomenclatura.



Pisco 2004.